martes 30 de octubre de 2007
La decisión
martes 23 de octubre de 2007
¿Nostalgia?
¡Rinnnnnnggggg! ¡Rinnnnngggg!
El teléfono me ha despertado. Me levanto cual sonámbula y en sueños contesto. Cuelgo y vuelvo a la cama y entonces despierto. Amanece un día gris pero, amanece que no es poco. El cielo encapotado amenaza con descargar sobre mí toda su furia contenida. No me dejo intimidar. Preparo café mientras miro por la ventana y observo como, poco a poco, el patio sucio y mojado, lleno de hojas color berenjena, comienza a cambiar. El día gris da paso a un sol radiante y la plaza solitaria se llena de las risas de los niños...
Con 38 de fiebre leí mi primer libro gordo, “Pinocho”. Un día soñé que era la “princesa de tus sueños” y me regalaste un reino. Corrí tras el conejo y me adentré en su madriguera y en el país de las maravillas tomé el frasco que decía “Bébeme”. A veces regreso al país de Nunca Jamás para sentirme Eternamente Siempre. Oigo al zorro decir “Sólo se conoce bien las cosas que se domestican” y, me dejo domesticar y me expongo a llorar un poco... y, me hago responsable de mi rosa...
La cafetera me avisa de que ya está listo el café. Sacudiendo los fantasmas esbozo una sonrisa. Dos y media es mi medida. Mmmm... ¡delicioso!... Regreso a la ventana y contemplo como las hojas han vuelto, como el suelo se ha humedecido y como las risas de los niños se han desvanecido. Con mi tacita de café en las manos, me siento a salvo. Algo llama mi atención en el salón. Camino lentamente y mis ojos buscan... se detienen de pronto en ese libro que me hubiese gustado escribir y que Antoine de Saint-Exupéry hizo por mí:
“Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír!”
“Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos”
No me digáis que no existe la magia...
jueves 11 de octubre de 2007
La habitación de al lado
Todos, excepto uno. Era gris, metálico. Su rostro no tenía expresión. Y allí estaba yo; paralizada, espectadora de aquel horrible renacer. El pavor me había atado los pies y, cuando vi caminar hacia mí a aquel monstruo de acero, pensé morir para nunca renacer. Más el instinto de supervivencia fue más fuerte que yo y me enfrenté a él. Visto y no visto. De un empujón lo metí en aquel cuarto donde estaban mis miedos. Cerré con fuerza la puerta y huí. Comencé a correr cual alma que lleva el diablo. Corría y corría, intentando alejarme lo más rápidamente posible de tanto horror. De pronto, escuché a la soledad que me llamaba y sin parar de correr giré el rostro... pero no me detuve. Mi carrera había comenzado y no parecía tener fin. Los gritos de "aquella señora" que quería proteger mi abatimiento mientras corría tras de mí, se hicieron insistentes e inaguantables, así que me detuve. Con la respiración entrecortada la escuché. "Reproches y más reproches..." Su enfado crecía a la vez que mi resistencia mermaba. Me convenció. A lo lejos se acercaban dos figuras. Era la fuerza que traía consigo la esencia y, juntas, caminaban hacia nosotras. La soledad se abrazó a ella con cariño y entonces pude verla. Su amor era puro. La fuerza al sentirse observada reparó en mí y desdibujando aquel abrazo, se acercó con una tierna sonrisa.
Yo le miré a los ojos, eran tan bellos, estaban tan llenos de amor... que me dejé envolver por aquellos brazos enérgicos y, entonces, COMPRENDI... lágrimas de felicidad corrieron por mi rostro...
A ti, que tienes los ojos verdes...




