Entradas

"La razón es como una olla de dos asas; se la puede coger por la derecha o por la izquierda. Michel E. De Montaigne

Imagen
Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor. Cuando vieron la profundidad que tenía el hoyo, le dijeron a las dos ranas que para no sufrir tanto, se debían dar por muertas ya que no saldrían. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles. Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Ella se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacía señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que era inútil seguir luchando. Pero la rana saltaba cada vez con más fuerzas y finalmente logró salir del hoyo. Cuando salió las otras ranas le dijeron: «que bueno que lo lograste a pesar de lo que te gritam

"Quien mira hacia adentro, despierta". Carl Jung

Imagen
C uentan que hubo un tiempo en el que los hombres eran capaces de entender el lenguaje de los animales y de los objetos. Fue entonces cuando un hombre escucho una extraña asamblea en una carpintería. Las herramientas habían decidido reunirse para arreglar sus diferencias.   Enseguida el martillo ocupó la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar.  ¿La causa?  Se pasaba el tiempo golpeando y, además, hacía demasiado ruido.  El martillo aceptó el reproche, pero pidió que también le llamaran la atención a la garlopa que hacía todo su trabajo en la superficie, nunca profundizaba en nada. La garlopa aceptó a su vez, pero pidió que expulsaran a los tornillos, dijo que había que darles muchas vueltas para que al final sirvieran para algo. Ante el ataque, los tornillos aceptaron si también se expulsaba al papel de lija, alegando que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.  Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera también exp

“Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes y el conocerse a uno mismo”. – Benjamin Franklin

Imagen
Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jardín esplendoroso con árboles de todo tipo: manzanos, perales, naranjos, grandes rosales... Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos y felices.   ¿Todos? ¡Todos no! Había un árbol que se sentía profundamente triste. Se sentía muy triste porque él no daba ningún fruto…   -No sé quién soy... -se lamentaba-.   -Te falta concentración... -le decía el manzano- Si realmente lo intentas podrás dar unas manzanas buenísimas. ¿Ves qué fácil es? Mira mis ramas, ¡están llenas de manzanas!   -No le escuches. -exigía el rosal- Es más fácil dar rosas. ¿Ves cuántas tengo yo? ¡¡Mira qué bonitas son!!   Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no conseguía ser como los demás, cada día se sentía más frustrado. Un día llegó hasta el jardín la más sabia de todas las aves: el búho. Éste al ver lo triste que estaba el árbol le preguntó què l

"Habla para que yo pueda conocerte..." Sócrates

Imagen
Alejandra caminaba con su padre cuando éste, de repente, se detuvo en una curva del camino. Después de un breve silencio le preguntó: – Además del cantar de los pájaros, ¿qué oyes Alejandra? La niña paró, aguzando sus oídos. Después de unos segundos respondió: – Papá, estoy oyendo el ruido de una carreta que se acerca. – Muy bien – respondió su padre -. Tienes razón, se está acercando una carreta vacía. Alejandra, asombrada, preguntó a su padre: – ¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la has visto? Entonces el padre respondió: – Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido que hace. Cuanto más vacía está la carreta, mayor ruido hace. Alejandra se convirtió en adulta y, siempre que veía una p ersona i nterrumpiendo una conversación y hablando demasiado de sí misma, de forma i noportuna o v iolenta , o presumiendo de lo que poseía o sabía, tenía la impresión de oír la voz de su padre diciendo: " C uanto m ás vacía   está   la ca

"Este engaño de días paralelos, este tocar de cuerpos distraídos (...)". José Saramago

Imagen
En la rama de un viejo árbol descansaba un águila de mirada triste y corazón roto. Su pena era tan grande y profunda que no quería ni volar. Varios días llevaba ahí la pobre infeliz, sin comer y sin hablar con nadie. Un milano que la vio, se posó junto a ella y quiso saber qué le sucedía.  ¿Qué te pasa, águila guapa, que no quieres saber nada del mundo? El águila miró al milano zalamero de reojo. – Me siento muy mal… Quiero formar una familia y no encuentro una pareja que me quiera de verdad. – ¿Por qué no me aceptas a mí? – preguntó de pronto el milano – Yo estaría encantado de ser tu fiel compañero. – ¿Tú?… ¿Y cómo me cuidarás? – Bueno… ¡Mira qué alas tan hermosas tengo! Por no hablar de mis patas, fuertes como ganchos de hierro. Con ellas puedo cazar todo lo que quiera. Si me aceptas como pareja, nunca te faltará de nada. Mi última hazaña ha sido cazar un avestruz. – ¿Un avestruz?… ¡Pero si es un animal enorme! – dijo asombrada el águila. – Sí, lo sé – asintió el m

Que tus sueños sean más grandes que tus miedos...

Imagen
Un rey árabe atravesaba el desierto cuando de pronto se encontró con la peste. El rey se extrañó de encontrarla en aquel lugar: – Detente, peste, ¿a dónde vas tan deprisa? – Voy a Bagdad- respondió entonces ella- Pienso llevarme unas cinco mil vidas con mi guadaña. Unos días después, el rey volvió a encontrarse en el desierto con la peste, que regresaba de la ciudad. El rey estaba muy enfadado, y dijo a la peste: – ¡Me mentiste! ¡Dijiste que te llevarías a cinco mil persona y murieron cincuenta mil! – Yo no te mentí- dijo entonces la peste– Yo sesgué cinco mil vidas… y fue el miedo quien mató al resto F ábula (imágen de Nicoletta Ceccoli)

"Las cosas difíciles requieren un largo tiempo, las cosas imposibles un poco más". André A. Jackson

Imagen
Un humilde carpintero, Jalani,  vivía feliz con su familia y su trabajo.  Tenía una mujer y dos hijos y las cosas no le iban nada mal. Pero el negocio entró en una mala racha y el hombre comenzó a ganar menos dinero.   Empezaron los problemas económicos   y luego éstos se trasladaron a la familia. Hasta el punto, que entró en una depresión. No era capaz de ver la salida. Lo intentó todo, cambió la forma de su negocio, pero no había manera… las cosas seguían sin funcionar.   Desesperado, atravesó el bosque en busca de ayuda. Le habían hablado de un anciano sabio que vivía en una humilde casa de madera, al otro lado del bosque, y decidió ir a pedirle consejo.   El anciano escuchó muy atento las lamentaciones y problemas de Jalani, con un té caliente, entre las manos. Cuando terminó de hablar, el sabio se levantó y pidió que le siguiera a la parte trasera de la casa.   El anciano maestro  le mostró a Jalani dos plantas que él mismo había plantado  en medio de una explanada