viernes, 23 de junio de 2006

"El retorno: ... y seguimos de celebración"



Dentro de todo es dulce
vivir como yo vivo
pendiente de tu amor
como un globo cautivo.


Corre el mundo a mis pies,
pero yo no lo siento:
solo tu amor me agita
como un ligero viento.

Tú de lejos sostienes
tus hilos temblorosos,
yo de lejos te envío
sonrisas y sollozos...

No era amor. Fue otra cosa.
Pero según murmuran en la ciudad aquella,
yo cometí el delito de inventarte una estrella,
y fue tuyo el pecado de ofrecerme una rosa.

No era amor, no era eso,
que se enciende en la sangre como una llamarada;
era mirarte tus ojos y no decirte nada
o acercarme a tu boca sin codiciar un beso.

Tarde para mi hastío,
tarde para tu angustia de mariposa en vano,
era como dos ciegos que se daban la mano,
como dos niños pobres, tu corazón y el mío.

Nada más. Ni siquiera,
suspirar en la lluvia de una tarde vacío.
No era amor, fue otra cosa. No sé lo que sería.
Yo sé que es triste que nadie lo creyera.

No lo creo todavía.
Estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegrías.
Palpo, gusto, escucho, y veo
tu rostro, tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo.

Tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que la cábala lo digo
y por las dudas lo canto.

Nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
por que estás llegando a casa.

Sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía.

Pero venís y es seguro,
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro.

Y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos,
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido.

Y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.

Creo que es preciosa y como hoy, es tu cumple , la comparto contigo.
Muchas felicidades. "Feliz, feliz en tu día..."
Besitos con sabor a salitre.

miércoles, 14 de junio de 2006

"Cerrado por vacaciones"

Dentro de unas horas, estaré volando rumbo a cualquier parte. Estoy emocionada, una vez más, nos perderemos mi querida amiga y yo, por algún lugar de la mancha...
Bueno chicos, os dejo la mirilla abierta por si quereis curiosear mientras estoy fuera.
¡Ah! El próximo domingo día 18 estamos de fiesta. Mi vecino cumple años. Estais todos invitados, se admiten regalos, ¿no, veci? Yo no estaré, pero igualmente brindaré con cava para celebrarlo. Como sabes vecino, es una fecha inolvidable para mi...
"Por ti, mi amigo, mi confidente... ¡Feliz cumpleaños!"

Dejo mi regalo para los dos, sé que os gustará:




Tiempo de morir:

Ikkyû, el maestro del Zen, desde pequeño fue muy avisado. Su maestro poseía una preciosa taza de té, de rara antigüedad. A Ikkyû se le rompió accidentalmente esta taza, y se quedo muy perplejo. Oyendo los pasos del maestro que se acercaba, ocultó tras de sí los pedazos de la vasija. Cuando apareció el maestro, Ikkyû le preguntó:
-¿Por qué hay que morir?
-Es lo natural -respondió el digno señor-. Todo debe morir y tiene un determinado tiempo de vida.
Ikkyû, mostrando la vasija despedazada, explicó: -A tu taza le había llegado el tiempo de morir.
Cuento zen
Gracias veci... Un beso super especial, como tú, como ésto que nos une. Y un guiño a mi padre ;-)

lunes, 12 de junio de 2006

Ella y yo

Tengo muchos amigos. Amigos de esos íntimos. De esos..., de esos a quienes cuentas pequeños secretos, ya sabes ¿no?. Ahora tengo una nueva amiga, muy enrollada y tal, es muy divertida, ¿sabes?, siempre se está riendo y me gusta mucho hablar con ella. Me escucha atentamente y me siento importante cuando me mira así, ya sabes tío... ¿de esa manera que te miran las tías cuando les molas? Pues así me mira ella, y me hace sentir especial. Mis amigos dicen que a ellos también les mira así; pero no hagas caso, son unos envidiosos. El caso es que le he hablado de Elena. Elena es la tía que me mola y creo que yo le molo a ella, pero como soy un pringao no me atrevo a decírselo. Se lo he contado a mi amiga y ella me da consejo, y me siento muy a gusto cuando me dice lo que tengo que hacer. Quiere que invite a Elena a una coca cola y que le suelte todo el rollo de sentimientos y eso, ya sabes tío, pero me corto un mazo. Además, ¿por qué no da el primer paso ella? Yo ya le dije un día que me gustaba, pero por si acaso, luego le dije que era cachondeo y me siguió la broma. Es una chica lista, me lo paso bien con ella y está buena. El otro día nos dimos un beso (de esos largos, no te creas) y me gustó, la verdad. Pero no me atreví a pasar de la segunda base. Se lo conté a mi amiga; te he dicho que le cuento todo, ¿no? Bueno, todo, todo, no... aunque un día le dije que ella era tres veces más guapa que Elena, tres veces más divertida y que estaba tres veces más buena. Se rió y me dijo que a lo mejor no me gustaba tanto Elena... pero mira, ahí está equivocada, a mí quien me gusta es Elena. Anoche se lo decía en un sms a mi amiga. Estuvimos pasándonos sms, bromeando sobre la noche. Es que un día le dije que estaba como para un revolcón, o dos, le bromeé diciendo que el día que llevase cuatro copas le iba a dar caña y ella me contestó que necesitaría dos, para seguirme el rollo, así que hicimos una especie de pacto: 4-2 y ¡lío!. Pues ayer fuimos a una fiesta y me tomé seis tragos, y como ella había tomado dos, le dije que tocaba lío, bromeando ya sabes, que a mi quien me gusta es Elena, pero ¡no!, me había pasado de lo pactado. Así que, como te decía, al final como eso de escribir cansa tanto, la llamé al móvil y hablamos hasta el amanecer. ¿A que mola mi amiga? No se enfada porque la llame a esas horas. Te he dicho que soy un poco pringao ¿no? A mí quien me gusta es Elena, pero me da corte llamarla...

sábado, 10 de junio de 2006

Los consejos de Mafalda














Dios creó las citas para que las mujeres puedan descubrir las características negativas de un hombre antes de involucrarse con él, no después.
Si siempre vuelves con el hombre equivocado, tal vez no tengas la oportunidad de conocer al hombre correcto.
Las palabras "Te quiero" no salen con facilidad ni rapidez de la boca de un hombre sincero.
Aunque ella sea la mujer adecuada, el hombre equivocado siempre será el hombre equivocado.

Todo hombre que no sabe "lo que quiere"
no merece lo que tiene.
Si los hombres equivocados siempre te encuentran
es porque das las señales equivocadas.
A menos que tengas conexiones con la Interpol,
debes pensarlo dos veces antes de salir con un hombre mujeriego.
Algunos hombres cambian, pero cuando lo hacen
también cambian de mujer.
Esperar que un hombre cambie es como esperar
que uno gane la lotería.
No es inteligente aferrarse al dolor.

UNA MUJER DEBE TENER ....

Un viejo amor al que regresar en sus sueños y otro
que le permita darse cuenta de lo lejos que ha llegado.
El valor necesario para alejarse cuando no le aman.
Una etapa de juventud que dejar atrás con gusto.
Un pasado suficientemente rico en experiencias,
como para ser contado al llegar a una edad avanzada.
Un equipo completo de destornilladores,
taladro y al menos un sujetador negro de encaje.
La amistad de alguien que siempre le hace reír
y de alguien que le permita llorar.
Un hermoso mueble en casa,
que no perteneció a nadie en la familia.
Un e-mail donde recibir y enviar frases de aliento.
Un juego de vajilla para seis personas, copas y la receta para una cena romántica.
Tiempo para mimar su piel, un plan de ejercicios
y un proyecto para enfrentar aquellas facetas de la vida que no mejoran después de los 30.

TODA MUJER DEBE SABER...

Como enamorarse sin dejar de ser ella misma.
Lo que quiere con respecto a tener hijos,
como renunciar a un trabajo, terminar con un novio
y confrontar a un amigo sin arruinar una amistad.
Cuando intentarlo todo y cuando alejarse.
Como pasarlo de maravilla en una fiesta
a la que no deseaba asistir.
Como pedir algo que realmente desee de manera
que seguramente lo consiga.
Tiene que entender que no puede modificar
el ancho de sus muslos o de sus caderas,
o la forma de ser de sus padres.
Que su niñez pudo no ser perfecta...
pero ya terminó.
Lo que podría o no podría hacer por amor...
o debería o no.
Como vivir sola,
aunque no le guste la soledad.
Debe saber en quien confiar y en quien no.
A dónde ir a sentarse con su mejor amiga,
“playa o montaña”,
cuando su alma necesita alimentarse
y tranquilizarse
"Una mujer inteligente sabe que no hay que perder la esperanza de lograr cada día nuevas conquistas"

Textos y reflexiones de Mafalda

viernes, 9 de junio de 2006

Ariadna

Cuenta la leyenda que había una vez una ninfa con busto de mujer y cuerpo de pez, que encandilaba y extraviaba a los navegantes con sus cánticos. Dicen que era muy bonita, tanto, que aquellos que osaron contemplar tanta belleza quedaron ciegos de hermosura. Sus cabellos, dorados como el trigo, ondeaban al viento y acariciaban a los navegantes, que una vez estaban cerca, se enredaban y quedaban atrapados en las ondas de su pelo. Los ojos, como imanes, azulados, atraían y secuestraban las miradas. Su sonrisa, su sonrisa dicen que era tan tierna, que el navegante perdía el rumbo. En realidad se decía muchas cosas, pero nadie la había visto jamás. Los más viejos del lugar, en las frías noches de invierno, se reunían en torno al fuego y contaban las más diversas y extrañas historias acerca de Ariadna, la reina de las sirenas...

El mar embravecido golpeaba con furia la pequeña galera. La tripulación estaba agotada de tanto remar. El viento azotaba las velas sin piedad y los alejaba del rumbo. Estaban asustados, cansados y sin fuerzas. Llevaban varias horas luchando contra el temporal. No entendían qué estaba pasando. Horas antes no había viento. El cielo estaba completamente despejado. No habían visto nunca un cambio tan brusco. El capitán no dejaba de gritarles palabras de aliento. Era una lucha difícil, lo sabía, pero no podían rendirse. Los golpes de mar eran tremendos. En dos ocasiones el barco pareció zozobrar. De pronto, una ola gigantesca envolvió el barco...

En mitad del mar, algo flotaba en las aguas azules como hojas de aciano. Era un trozo de madera, sobre ella el cuerpo de un hombre yacía a la deriva.

Cansado de remar a ninguna parte, sin fuerzas para buscar alguna orilla, el capitán se abandonó a la suerte y ya sólo esperó que la muerte no fuese cruel, fuese compasiva. Boca arriba contempló el cielo estrellado y escuchó el silencio de la nada. Una ligera brisa se levantó y le llevó a sus oídos una dulce melodía.
-¡Qué hermosa canción! La muerte ha sido generosa conmigo y ha venido tan silenciosa que no la he oído llegar -dijo en un susurro. Giró el rostro hacia el lugar de procedencia del cántico y vio a lo lejos, bañada por la luz de la luna, la figura de una mujer recostada sobre unas rocas.
-No estoy muerto –pensó. Allí está la orilla.
Sacando fuerzas de donde no tenía, hundió las manos en las aguas transparentes como el más puro cristal y remó con furia. A medida que avanzaba la melodía se oía más limpia, más pura. Los sonidos habían llenado de extrañas notas los oídos del náufrago. Embrujado por la sinfonía remó y remó hasta que... La tabla chocó contra el arrecife y el mar lo engulló de nuevo. Quiso subir a la superficie pero estaba tan agotado que no fue capaz. Poco a poco se fue al fondo. En el descenso contempló plantas prodigiosas, con tallos tan flexibles, que parecían bailar a un frenético ritmo. Miles de peces de colores... ¿Qué era aquello? –se preguntó. Un castillo con muros de coral... Ya no pudo contemplar más. Sus pulmones amenazaron con estallar. La vista se le nubló, el corazón le oprimió el pecho, un horrible zumbido le agujereaba el cerebro cuando unas manos le agarraron por detrás, mientras él, quedaba inconsciente.
Al despertar, estaba sobre la arena de una playa. Una mujer le miraba. Nunca había visto tanta hermosura. Su piel era delicada como pétalos de rosa. Los ojos tan azules como el mar profundo. El pelo, largo y sedoso, arremolinándose al viento. Era como una aparición. Y su sonrisa, su sonrisa le encandiló...
-¿Quién eres? -le preguntó.
-Ariadna-. Su voz sonó tan dulce como una macedonia de frutas.
-Ariadna... ¡qué nombre tan boni... - De nuevo quedó sumido en un profundo sueño. A la mañana siguiente, cuando ya el sol despuntaba, se despertó con el sonido del mar y las gaviotas. Seguía en la playa aparentemente desierta. Se incorporó y miró hacia el mar. Pensó si no había quizás soñado: la tormenta, el naufragio, la hermosa mujer... Pero no, sus ropas hechas jirones lo confirmaban. Comenzó a caminar por la orilla del mar ilusionado con encontrarla, pero fue inútil. No la vio. Cuando ya la noche había caído, regresó, y agotado se echó sobre la arena. Contempló el cielo, la noche estrellada. Nunca le había parecido el cielo tan bonito, ni tan grande, ni tan limpio. Sintió una paz tan profunda que llenó su estómago vacío. Por una extraña razón, se sintió feliz de estar allí.
El rumor de las olas pareció alterarse suavemente. Se sentó y miró hacia el mar. Estaba sereno y tranquilo. A lo lejos creyó ver un brillo en la oscuridad. ¡Otra vez! Seguro que era un delfín -sonrió al pensarlo. La luna grande y generosa iluminaba la superficie del mar. El "delfín" daba saltos en el aire y caía al agua con gran estruendo. Esperó el siguiente salto para disfrutar de semejante visión. Pero no hubo más saltos. Del mar emergió una mujer vestida con una seductora sonrisa y con los pechos desnudos.
Hechizado se levantó y se adentró en el mar. Sus manos se unieron a las de ella que le esperaba con los brazos extendidos. Ariadna, le invitó con un gesto. El náufrago, perdida toda voluntad, silencioso la siguió y entonces se dio cuenta que no era exactamente una mujer, medio cuerpo era pez. Ariadna le enseñó las maravillas del fondo del mar. Cuando necesitaba oxígeno para poder continuar, con un apasionado beso le insuflaba aire a sus pulmones.
Pasaron días de intensa felicidad. De puestas de sol abrazados. De amaneceres inolvidables. Estaba tan enamorado, tan ciego de pasión, que olvidó que alguien le esperaba tras esas puestas de sol.
Pero una tarde el cielo se encapotó. Hubo rayos y truenos. Buscó a Ariadna con la mirada. Allí estaba ella, tan hermosa. Sentada en una roca, sin miedo a la tormenta. Los rayos caían zigzagueantes sobre el mar y ni se inmutaba. Cantaba una preciosa canción que le recordó la noche del naufragio, y entonces pensó en lo ocurrido aquella noche...

A lo lejos un barco arrió sus velas. Entre la tripulación hubo pánico y terror.

... Estaba la noche tranquila. De pronto la tormenta, la melodía, el naufragio, Ariadna su salvadora o... ¡No!, no podía ser. El capitán se acercó a ella y la abrazó. Con los labios rozó su pelo y sintió un escalofrío. Ariadna le miró. Su mirada le penetró hasta la médula.
-¡Que ojos tan bonitos! -susurró el capitán. ¡Qué boca tan bonita!. Acercó sus labios y la besó.
Con cada beso que le daba notaba como le robaba el alma, como perdía la voluntad. Como su debilidad se iba haciendo patente y como Ariadna parecía más viva, más hermosa, más...
De pronto los ojos le empezaron a picar. El fuerte escozor aumentaba por momentos. Llevó los puños a los ojos y los frotó, pero cuando intentó abrirlos, ¡no pudo! Sus párpados estaban sellados para siempre. Extendió la mano buscando a Ariadna, pero no la encontró. Asustado gritó en la noche:
-¡Ariadnaaaaaaaaaaa!.

Sólo un relámpago dio muestras de oír la llamada y contestó iluminando el cielo. Un fuerte estruendo se oyó a lo lejos...

lunes, 5 de junio de 2006

El arte de vivir


Dicen que, a cierta edad, las mujeres nos hacemos invisibles, que nuestro protagonismo en la escena de la vida declina, y que nos volvemos inexistentes para un mundo en el que sólo cabe el ímpetu de los años jóvenes.
Yo no sé si me habré vuelto invisible para el mundo, es muy probable, pero nunca fui tan consciente de mi existencia como ahora; nunca me sentí tan protagonista de mi vida, y nunca disfruté tanto de cada momento de mi vida.
Descubrí que no soy una princesa de cuento de hadas; descubrí al ser humano que sencillamente soy, con sus miserias y sus grandezas.
Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser perfecta, de estar llena de defectos, de tener debilidades, de equivocarme, de hacer cosas indebidas, de no responder a las expectativas de los demás. Y, a pesar de ello, quererme mucho.
Cuando me miro al espejo ya no busco a la que fui en el pasado... sonrío a la que soy HOY.... me alegro del camino andado, y asumo mis contradicciones.
Siento que debo saludar, a la joven que fui, con cariño, pero dejarla "a un lado", porque ahora me estorba.
La vida es tan corta y el oficio de vivirla es tan difícil, que cuando uno comienza a aprenderlo, ya hay que morirse.
El ser humano tarda mucho en madurar, ¿verdad? TENER-RETENER. Las realidades más grandes y más bellas tanto más las tendrás cuanto menos las poseas y retengas.
Si quieres tener el mar, contémplalo, y abre tus manos en sus aguas, y todo el mar estará en ellas. Porque si cierras tus manos para retenerlo, se quedarán vacías.
Si quieres tener el viento, extiende tus brazos, abre tus manos y todo el viento será tuyo, porque si quieres retenerlo, te quedarás sin nada.
Si quieres tener a tu hijo, déjalo crecer, déjalo partir y que se aleje... lo tendrás maduro a su regreso, porque si lo retienes poseído, lo pierdes para siempre.
Si quieres tener el sol y gozar de su luz maravillosa, abre los ojos y contempla... porque si los cierras para retener la luz que ya alcanzaste, te quedarás a oscuras.
Si quieres vivir el gozo de Tener, libérate de la manía de poseer y retener. Goza de la mariposa que revolotea, goza del río que corre huidizo.
Goza de la flor que se abre cara al cielo. Goza teniendo todo, sin poseerlo y sin retenerlo.
Sólo así gozarás de la vida, sabiendo que la tienes sin poseerla, y dejándola correr sin retenerla.

Hoy he extendido mis brazos, he abierto mis manos y he sentido que el viento era mío, que yo era del viento...
Hoy he abierto los ojos y he contemplado como los rayos del sol llegaban a mi y yo era su luz...
Hoy empiezo a recoger el fruto de lo que tan duramente había cosechado: lo dejé crecer, lo dejé partir, lo dejé alejarse... y hoy regresa a mi, lo que más quiero en esta vida...
Hoy, doy gracias al universo que tanto me da...

domingo, 4 de junio de 2006

... y un gato me hacía compañía

"Con certeza, si me mirara a los ojos, algo profundo en mí cambiaría..."

sábado, 3 de junio de 2006

Las alas son para volar

Cuando se hizo mayor, su padre le dijo: “Hija mía: no todos nacemos con alas. Si bien es cierto que no tienes obligación de volar, creo que sería una pena que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado”.

-Pero yo no sé volar –contestó la hija.

-Es verdad... –dijo el padre. Y, caminando, la llevó hasta el borde del abismo de la montaña.

-¿Ves, hija? Este es el vacío. Cuando quieras volar vas a venir aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y, extendiendo las alas, volarás.

Ella dudó. -¿Y si me caigo?

-Aunque te caigas, no morirás. Sólo te harás algunos rasguños que te harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

La hija volvió al pueblo a ver a sus amigos, a sus compañeros, aquellos con los que había caminado toda su vida.

Los más estrechos de mente le dijeron: “¿Estás loca? ¿Para qué? Tu padre está medio loco... ¿Para qué necesitas volar? ¿Por qué no te dejas de tonterías? ¿Quién necesita volar?”.

Los mejores amigos le aconsejaron: “¿Y si fuera cierto? ¿No será peligroso? ¿Por qué no empiezas despacio? Prueba a tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol. Pero... ¿desde la cima?”.

La joven escuchó el consejo de quienes le querían. Subió a la copa de un árbol y, llenándose de coraje, saltó. Desplegó las alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero, desgraciadamente, se precipitó a tierra.

Con un gran chichón en la frente, se cruzó con su padre.

-¡Me mentiste! No puedo volar. Lo he probado y ¡mira el golpe que me he dado! No soy como tú. Mis alas sólo son de adorno.

-Hija mía –dijo el padre-. Para volar, hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en paracaídas: necesitas cierta altura antes de saltar.

Para volar hay que empezar asumiendo riesgos. Si no quieres, lo mejor quizá sea resignarse y seguir caminando para siempre.

Cuento para reflexionar

jueves, 1 de junio de 2006

Mientras dormía


Anoche, cuando dormía,
soñé, ¡bendita ilusión!
que...
¡no! no soñé que una fontana fluía dentro de mi corazón.

Soñé que la nieve ardía
soñé que el sol se helaba
y soñando lo imposible...
¡no! no soñé que tú me amabas.

Soñé con la libertad del esclavo encadenado
de ese pueblo sometido a la injusticia de un estado.

Soñé que el terrorismo por fin se erradicaba
ni violencia, ni luchas, ni hambre se pasaba.

Soñé con la abundancia de un pueblo que se muere
de aquel niño que no tiene.

Y por soñar, soñé...
¡con un mundo tan perfecto!

Donde había libertad
donde no se etiquetaba
donde esa sociedad de censura e hipocresía,
donde ¿cuánto tienes? ¡tanto vales!
en mi sueño no existía.

Vuela alto,
vuela libre, con entera libertad.
Libertad que sólo un día, con las ansias de volar,
abriste tus alas al viento y te dejaste llevar.

Sin temores, ni reservas,
sintiéndolo nada más,
gritaste un día al viento:
¡amo la libertad!

¿Qué es la vida? –es un sueño.
¿Qué es la vida? –una ilusión.


Como dijo el poeta
-hago mías sus palabras
pues comparto su opinión-

¿No es la vida más que un sueño?
¿No es el sueño una ilusión?
En la vida sólo hay sueños
y los sueños... sueños son.