martes, 31 de marzo de 2009

¿Qué hago, doctor?

Probablemente todos, en algún momento de la vida, hemos estado enamorados de una "ilusión", de esa persona "inadecuada" o tal vez "adecuada", pero no para nosotros. Puede que tú sepas de que hablo. Puede que conozcas el sabor amargo del desamor. Las historias siempre se repiten, sólo cambian los protagonistas...

Hoy ha llegado a mí este escrito. Desconzco su autor. Podría ser perfectamente yo o quizás tú quien lo escribiera. Quiero compartirlo con vosotros mientras "me golpeo" tres veces el pecho (jeje)

UTOPÍA DEL CORAZÓN AGOBIADO, ingenuidad de quien pretende ya no sufrir, de quien ya no aguanta: opiáceo, escape. El desamor desesperadamente. Si quererte implica tanto dolor, tanta ansiedad, tantas migrañas e insomnios, deseo no desearte, quiero no quererte. Añoro la posibilidad de no amarte, de arrancarte como una espina clavada en mi ego: de eso se trata, alivio de la aversión. Amar el desamor, el sueño de todo amante rechazado, la amnesia que suplica el doliente, deshacer lo que se hizo mal. La tecla mágica, un clic, y que todo se apague, salirme del programa para siempre. Un virus, ¡Por qué no! Que se enquiste en mi cerebro y detener esta pasión, que no es otra cosa que padecimiento. En otras palabras: necesito desenamorarme
¿Qué hago, doctor?

¿Anestesiar el corazón? No, no es posible. ¿Eludir el amor cuando la flecha está clavada? Ya es tarde. ¿Eliminar el sentimiento por decreto, con sólo proponérmelo? Pura ilusión. No puedo anular el efecto de un sablazo. ¿Qué hacer entonces? Arrojo, audacia en grado extremo. Dejarte aunque me duela. Hacerte a un lado queriéndote, cambiar el dolor de tu presencia por el dolor saludable de tu ausencia definitiva. Hacerte a un lado como un adicto lo hace con la droga o un alcohólico con la bebida: autocontrol, autorregulación limpia y ascética. ¿El motor, la motivación? Pura supervivencia: me hace daño quererte. Te dejo porque tengo que hacerlo, no porque no te quiera sino porque no me convienes. No me viene bien tu amor, altera mi humanidad, me hunde, no crezco como persona, mi potencial se opaca. Por eso no voy a esperar a desenamorarme para dejarte, voy hacerlo ahora, pese al amor que todavía siento.

No se trata de negar lo que siento sino de no verte, de no entrar a tu territorio, de no ceder a la tentación de los sentidos, de no estar allí donde no debo estar. Un toque de dignidad, un alegato al suicidio. ¿Habrá algún hecho amoroso más cruel y cursi que Romeo y Julieta? ¿Amor incondicional, total, radical? Existen pocos, y no es el mío.

No soy capaz de retirarme de tu lado de manera razonada y razonable, con la imperturbable tranquilidad budista, con la templanza de un espíritu educado en el estoicismo. Lo mío es una tromba, un cúmulo de irracionalidad desordenada que deja por fuera todo vestigio de inteligencia. ¿No habrá una terapia aversiva, doctor, como en la “naranja mecánica”, donde yo pueda sentir asco por él, fastidio esencial ante su presencia, ganas de vomitar, sensación de muerte? La respuesta es: No.

Dureza de una realidad que se impone. No hablo de amistad, del amor amigo que siempre es apacible y correspondido, sino de la apetencia, del deseo, del sentido de posesión, del apasionamiento que nos determina y nos despoja de toda lógica. Ayúdeme, doctor, a que la “cocaína" no me guste. Muy difícil, por no decir imposible. ¿Pero el amor es una droga? A veces funciona de manera similar. Un sinnúmero de personas sufren de adicción afectiva y son incapaces de renunciar al amor cuando deben hacerlo.

DESENAMORARSE A VOLUNTAD… quimera, facilísimo. En algunas subculturas árabes el hombre puede separarse de la mujer con solo golpearse el pecho y decir tres veces consecutivas: Me separo de ti”. Así de sencillo. Pero no dicen: Me desenamoro de ti”. Nadie posee esa magia, ese poder.De manera similar, no podemos enamorarnos a voluntad de cualquier persona. Quizás sea posible crear las condiciones para que el amor florezca o incrementar las probabilidades para que se manifieste, pero traerlo intencionadamente de la nada es ilusión. Nadie duda de que hay personas de las cuales podríamos enamorarnos si se dieran ciertas condiciones y tampoco dudo de que podrías desenamorarte de cualquier amor enfermizo si te alejas lo suficiente para que el tiempo limpie poco a poco los resabios de ese amor sufriente. En otras palabras: autocontrol, tenacidad, disciplina, y esperar luego a que el universo se encargue de los detalles.
Autor desconocido

domingo, 15 de marzo de 2009

El Yo

Hoy me levanté con ganas de ir de excursión. Cogí mi mochila nueva (regalo de cumpleaños), metí un bocadillo, una cocacola, una botella de agua, mi mantita regalo de Iberia y muchas ganas de perderme entre la naturaleza. Cuando iba a buscar a mi "pícaro moderno" que descansaba en el cuarto, sobre la mesilla de noche, recordé a mi "profe" de "Psicología de las Organizaciones", y decidí que sería más productivo llevármelo a él.
Y me fui al pantano...
El sol calentaba con fuerza mis pies desnudos y el resto del cuerpo envidiaba a éstos, que sin tapujos se exponían a los primeros rayos. Mis sentidos se empaparon de los sonidos, aromas y colores de este día tan especial. Una vez terminé de comer, metí la cabeza de lleno en la "Negociación". El tema resultó fascinante, y como no, una vez más, los libros que siempre me buscan cuando tienen que contarme algo, dejaron al final del capítulo, el mensaje para mí.
Y dice así...
Una pulga decidió trasladarse con su familia a la oreja de un elefante. De modo que le dijo a éste: "Señor Elefante, mi familia y yo pensamos mudarnos a vivir en su oreja, y he pensado que debía decírselo a usted y darle una semana para que lo piense y me haga saber si tiene alguna objeción que poner".
El elefante, que ni siquiera era consciente de la existencia de la pulga, no se dio por enterado; y la pulga, después de observar escrupulosamente el plazo establecido de una semana, dio por supuesto el consentimiento del elefante y se trasladó.
Un mes más tarde, la señora pulga decidió que la oreja del elefante no era un lugar saludable para vivir e hizo ver a su marido la conveniencia de una nueva mudanza. El señor pulga le pidió a su mujer que aguantara al menos otro mes para no herir los sentimientos del elefante.
Finalmente, se lo dijo con toda diplomacia de que fue capaz: "Señor Elefante, hemos pensado cambiar de vivienda. Naturalmente, no tenemos ninguna queja de usted, porque su oreja es espaciosa y confortable.

Lo único que ocurre es que mi esposa preferiría estar al lado de sus amigas, que viven en la pata del búfalo. Si usted tiene alguna objeción que hacer a nuestro traslado, hágamelo saber a lo largo de esta semana". El elefante no dijo ni palabra, y la pulga se cambió de residencia con la conciencia tranquila.

Si el universo no es consciente de tu existencia, ¡tranquilo!

sábado, 7 de marzo de 2009

domingo, 1 de marzo de 2009