miércoles, 15 de abril de 2009

¿Playa o montaña?

Me gusta el mar… A veces, cuando hay tormenta y mi cuarto se ilumina, me “arrebujo” entre las sábanas y espero atenta el romper del trueno. Oigo el agua caer, el viento golpear con furia los cristales y mi corazón se pone a cien. Muchas de estas veces mi mente viaja en el tiempo y en el espacio y revivo una tormenta sin igual. Recuerdo que vivía entonces en Palma de Mallorca y esa noche había tormenta. El viento se colaba, vete tú a saber por dónde, y hacía un ruido ensordecedor. Y llovía… llovía mucho. Me desperté, se despertó, y nos miramos… Cogimos una manta y nos fuimos sin dudarlo al dique. Desde allí, de pié en el muro, contemplamos la fuerza desatada de la naturaleza. Los rayos caían sin piedad por todos lados, el cielo se estremecía y nosotros, tapados con una manta, sentimos toda su energía. Es difícil describir esos momentos donde la adrenalina es la protagonista.

Me gusta la montaña… A veces, cuando mi mente no descansa y necesito desconectar, me siento al volante de mi coche y sin decidir destino me “embarco” en una aventura. No hay final, sólo principio, y es “ese dejarse llevar” el que me atrapa, el que me seduce, el que me guía por el camino. Son muchas las veces las que revivo mis “excursiones” sin rumbo por el Pirineo… la ventanilla bajada, el aire fresco de la montaña, las curvas de Broto, y "Dido" a todo pulmón. Son sensaciones…

Aquí no hay mar. Ni grandes montañas. Ni las tormentas tienen la misma fuerza. Ni el aire es tan puro. Eso sí, llueve… pero ni la lluvia “cala” igual…

Ayer empecé a escribir esto, sentía que “algo” se gestaba, no pude terminarlo y me he puesto hoy. Hoy la pregunta sobra. Ya no hay dudas. Verdes paisajes salpicados de cabañas de piedra, cerquita el mar… Creo que es una buena elección…