martes, 30 de octubre de 2007

La decisión

Decidiste iniciar el viaje.
Pusiste en la valija las cosas necesarias
abandonaste tu casa
y te refugiaste en la búsqueda de aquello que así lo crees
justificará tu vida.
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Recuerda siempre el motivo de la marcha
lo harás a cada paso y con despierto entusiasmo
porque un camino consciente es libertad
en cambio un camino emotivo es esclavitud
y un camino mecánico es sólo estupidez.
Has decidido buscar y debes estar atento:
muchas oportunidades de encontrar la vía
se pierden por exceso de arrogancia
por falta de estima
por falta de avidez
o por indiferencia.
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Además, buscar algo implica conocer aquello que estás
buscando
y para ir hacia algún lugar
debes tener algún lugar adonde ir.
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Sé sincero:
¿Tú sabes adónde vas?
Lo sepas o no
recuerda que eres tú quién decidió caminar
no sea que mañana lamentes haber emprendido la marcha
y acuses a la vida por no haber encontrado la vida que buscabas.
Fue la sospecha de otra realidad
lo que te alejó de tu viejo mundo.
Allí, en tu ilusión, tenías la certeza del refugio seguro
el techo y la comida
pero también estaban la duda
la ansiedad
el sufrimiento. Tu espejismo se caía a pedazos y por eso elegiste caminar
no digas después que tu viejo mundo se derrumbó
porque te fuiste.
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Si comienzas a mover los pies
ninguno de los que te precedieron te lo agradecerá.
En todo caso dirán:
"te has dado cuenta de que es necesario caminar."
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Como ves, deberás llegar más allá de tus opiniones.
No quiero decir que lo aprendido anteriormente sea inútil
sólo que su significado se transforma
de acuerdo a la etapa de la vida.
Tu saber te llevó hasta este punto del tiempo
pero de aquí en más el paisaje cambia
y tus convicciones pueden transformarse en trampas
sutiles.
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Buscador:
no son sólo tus capacidades las que determinan cuánto
has de aprender en la vía
sino también tu conducta.
Aptitud y actitud van de la mano
en la búsqueda que te has propuesto.
Aprovecha cada paso para aprender
es inútil caminar si no eres capaz de beneficiarte de ello.
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Has decidido partir
pero debes saber que la vía
no es sólo la superficie que corre bajo tus pies
ni la huella borrosa de lo que dejaste atrás
ni la invisible senda que espera el eco de tus pasos.
No es algo que puedas aferrar con una idea
ni un concepto que aprenderás en los libros.
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La vía no es algo que vendrá a buscarte
ni una puerta que se abrirá a tu voluntad
y aunque te repitas que debes caminar
ni siquiera puedes decir que estás en la senda
mientras tus piernas no se muevan.
Pero aún cuando creas que estás caminando
¿cómo sabes que vas en la justa dirección?
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De aquellos que buscaron antes de ti
quedan sólo las cenizas
pero en cierto modo eres su huésped
ya que en la tierra que atraviesas también vibran sus pasos
su espíritu aún sopla alentando tu esperanza
y su ejemplo te ayuda a iluminar el rumbo.
Pero tú eres apenas una idea que vaga
no te creas más importante que una sombra fugaz.
Recuérdalo cuando te falten las fuerzas
o cuando debas decidir en una encrucijada
porque ellos pasaron como pasas tú
con las mismas preguntas.
Quizás mañana encuentres otras respuestas
pero hoy es mejor declararte ignorante
a que exhibas tu conocimiento de los caminos a seguir.
Has elegido andar
y lo harás hasta que te transformes en la marcha misma.
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Todo camino que nace de ti
regresa a ti:
si has iniciado la vía
no te preocupes por saber hacia dónde te conducirán tus pies
el final del sendero ya está dibujado en tus primeros pasos
por lo tanto, si conoces el principio conoces el fin.
Y el camino se conoce caminando
no existe otro modo.

Mario Corradini

martes, 23 de octubre de 2007

¿Nostalgia?

¡Rinnnnnnggggg! ¡Rinnnnngggg!

El teléfono me ha despertado. Me levanto cual sonámbula y en sueños contesto. Cuelgo y vuelvo a la cama y entonces despierto. Amanece un día gris pero, amanece que no es poco. El cielo encapotado amenaza con descargar sobre mí toda su furia contenida. No me dejo intimidar. Preparo café mientras miro por la ventana y observo como, poco a poco, el patio sucio y mojado, lleno de hojas color berenjena, comienza a cambiar. El día gris da paso a un sol radiante y la plaza solitaria se llena de las risas de los niños...

Con 38 de fiebre leí mi primer libro gordo, “Pinocho”. Un día soñé que era la “princesa de tus sueños” y me regalaste un reino. Corrí tras el conejo y me adentré en su madriguera y en el país de las maravillas tomé el frasco que decía “Bébeme”. A veces regreso al país de Nunca Jamás para sentirme Eternamente Siempre. Oigo al zorro decir “Sólo se conoce bien las cosas que se domestican” y, me dejo domesticar y me expongo a llorar un poco... y, me hago responsable de mi rosa...

La cafetera me avisa de que ya está listo el café. Sacudiendo los fantasmas esbozo una sonrisa. Dos y media es mi medida. Mmmm... ¡delicioso!... Regreso a la ventana y contemplo como las hojas han vuelto, como el suelo se ha humedecido y como las risas de los niños se han desvanecido. Con mi tacita de café en las manos, me siento a salvo. Algo llama mi atención en el salón. Camino lentamente y mis ojos buscan... se detienen de pronto en ese libro que me hubiese gustado escribir y que Antoine de Saint-Exupéry hizo por mí:

“Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reír!”

“Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos”

No me digáis que no existe la magia...

jueves, 11 de octubre de 2007

La habitación de al lado

Se oían murmullos. Todos mis miedos estaban allí, en aquel velatorio.

Todos, excepto uno. Era gris, metálico. Su rostro no tenía expresión. Y allí estaba yo; paralizada, espectadora de aquel horrible renacer. El pavor me había atado los pies y, cuando vi caminar hacia mí a aquel monstruo de acero, pensé morir para nunca renacer. Más el instinto de supervivencia fue más fuerte que yo y me enfrenté a él. Visto y no visto. De un empujón lo metí en aquel cuarto donde estaban mis miedos. Cerré con fuerza la puerta y huí. Comencé a correr cual alma que lleva el diablo. Corría y corría, intentando alejarme lo más rápidamente posible de tanto horror. De pronto, escuché a la soledad que me llamaba y sin parar de correr giré el rostro... pero no me detuve. Mi carrera había comenzado y no parecía tener fin. Los gritos de "aquella señora" que quería proteger mi abatimiento mientras corría tras de mí, se hicieron insistentes e inaguantables, así que me detuve. Con la respiración entrecortada la escuché. "Reproches y más reproches..." Su enfado crecía a la vez que mi resistencia mermaba. Me convenció.

A lo lejos se acercaban dos figuras. Era la fuerza que traía consigo la esencia y, juntas, caminaban hacia nosotras. La soledad se abrazó a ella con cariño y entonces pude verla. Su amor era puro. La fuerza al sentirse observada reparó en mí y desdibujando aquel abrazo, se acercó con una tierna sonrisa.
Yo le miré a los ojos, eran tan bellos, estaban tan llenos de amor... que me dejé envolver por aquellos brazos enérgicos y, entonces, COMPRENDI... lágrimas de felicidad corrieron por mi rostro...



A ti, que tienes los ojos verdes...


domingo, 7 de octubre de 2007

"Algo pasa con... ¿mery?"

Podemos engañar a los hombres, pero no a nuestra conciencia...