miércoles, 1 de julio de 2015

A veces se ilumina lo que es sombra

A veces se ilumina lo que es sombra, otras veces
lo que es noche perpetua para mi pensamiento,
y sé cómo coinciden las aves y los peces,
los hombres y los árboles, la eternidad y el viento.

Pero también a veces la noche se ilumina
con el relámpago triste hasta lo más lejano;
y no comprendo entonces el rencor de la espina,
ni los pozos sin agua, ni los surcos en vano.

Y así es mejor ser ciegos, vagar en las tormentas
y olvidar las preguntas que nadie nos responde;
y seguir en las sombras, peregrinando a tientas
sin saber hasta cuándo, ni por qué, ni hasta dónde.

 José Ángel Buesa



sábado, 16 de junio de 2012

Y te sigo echando de menos...



Esta noche apenas he dormido. Cerraba los ojos y te veía. Estabas en la cama y aparentabas dormir, pero yo sabía que no dormías. Me acercaba a ti, te acariciaba la cara y dejaba reposar un suave beso sobre tu frente fría. Abrías los ojos y la profundidad que había en ellos caía sobre mí. Tus labios se juntaban intentando simular un beso. Las fuerzas se te iban en el intento. Yo cerraba mis ojos para ocultar las lágrimas prontas a derramarse y acercaba mi mejilla a tu boca. En ese beso depositabas el poco aliento que te quedaba, y yo me sentía morir.

Quería estrecharte entre mis brazos y llorar hasta vaciarme, pero no podía ser tan egoísta, quería transmitirte una paz que no sentía, una confianza ya tiempo perdida, una esperanza que quedó lejos hace tiempo. Creo que no lo conseguía… Tú me mirabas intentando susurrar algo y yo te sonreía con todo el amor de mi alma dolida.

Esta noche apenas he dormido. Como siempre que se acerca tu aniversario, tu recuerdo se cuela entre mis sueños y los convierte en pesadillas. Mis sueños son inquietos, me despierto sobresaltada. A veces es mi propio llanto o el llanto de la gente que puebla mis sueños quien me despierta. Y me asomo de nuevo a la profundidad de tus ojos y sólo veo el vacío de tu mirada, y en esa despedida, recojo tu última lágrima.

domingo, 3 de julio de 2011

El amor en tiempos



Me acomodo al indicativo para describir los hechos reales:

Aquí presente, entre mis recuerdos, os digo que yo amo.


Y he amado en un pasado perfecto. Y, también, en otra forma imperfecta, soñé que él me amaba. Pero no fue así y se fue, y simplemente... lloré. Y una vez llorado, todo lo que tenía que llorar, entonces supe, que en ese pasado, perfecto, imperfecto, o pluscuamperfecto, lo importante era que YO había amado.



Y volveré a amar en un futuro próximo.





Sí, sí -auguré y sonreí. Porque no habrá condicionales, ni simples ni compuestos, ni subjuntivos que me coman el tarro con hechos hipotéticos, atractivos quizás, deseados tal vez, pero inciertos. Pues ya no me sirven los condicionales, menos los imperativos.



¿Pero cómo? -me pregunté. Y una voz dentro de mí, dijo: Amando que es gerundio. Porque el movimiento se demuestra andando. Y algún día, en ese futuro perfecto, podré decir que habré amado, que habré vivido El Amor en Tiempos... ¿de cólera?



No, no... sólo en tiempos.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Proceso de Adaptación

Si analizamos el significado de estas dos palabras, “proceso”, que significa tiempo y cambio, y “aceptación”, que quiere decir dejar de pelearme con la realidad cuando no es como yo quisiera, entonces no me queda otro remedio que decretar, que estoy en pleno proceso de adaptación.
En psicología se dice que todas las etapas y el proceso del duelo se dan en cualquier tipo de pérdida, porque cada pérdida conlleva un cambio.
Cada persona es única y exclusiva pero todas seguimos un parecido patrón de conducta. Hay un punto cero, también llamado de Inicio o Retirada. Se da cuando hay un estímulo que todavía no tiene relación con la persona. Luego llega la “situación” y entonces tengo una sensación, siento algo. La información me llega por mis diferentes sentidos. Después de estas sensaciones “me doy cuenta”, tomo conciencia de lo que está ocurriendo, percibo qué ha estimulado mis sentidos, y es entonces cuando se movilizan mis emociones. Puede que me asuste, o que me angustie, o tal vez me guste.Puedo sentir placer o temor por el final de ese encuentro. Las emociones se transforman en acción, la energía que se moviliza pugna por salir y me obliga a actuar. Puedo asustarme e irme, o tal vez ocultar mis emociones y esconderlas o, no sé…. Llevar a cabo cualquier otra acción. Y este es el punto clave. Porque es la oportunidad de establecer un contacto, una relación concreta con ese estímulo externo. Y después de un tiempo (x) y por motivos varios (resolución de la emoción, agotamiento del ciclo) tengo que despedirme y retirarme. Aceptar la pérdida de lo que fue. Alejarme para volver a empezar.
Suena simple, ¿verdad? Pero qué difícil es…
Aprender a recorrer este ciclo sin estancamientos es todo un duro y arduo aprendizaje.
En la aceptación de la pérdida hay una elaboración de duelo. Es un camino que tenemos que recorrer para comenzar de nuevo, para dejar atrás y poder caminar sin muletas. Nuestro desarrollo va a depender de cómo nos enfrentamos a esas pérdidas. Son experiencias que determinan nuestra manera de ser. Porque me guste o no, voy a ser abandonada por cada persona que quiero, por cada cosa que poseo, por cada situación que llega a mi vida, porque yo también abandonaré personas, cosas y situaciones… es inevitable… Y no penséis que digo esto para no comprometerme. Sé que mucha gente cree que no aferrarse es no comprometerse. Estoy haciendo esta reflexión en un momento de bastante lucidez, porque últimamente no he tenido “muchas luces”, pero en este instante sí, por eso me ha apetecido escribirlo. Para recordarlo, para recordármelo a mí misma, porque a veces se me olvida. Y me aferro. Me niego a soltar lo que fue, lo que ya no está en mi vida, lo cual no me deja elaborar mi proceso de duelo y así volver a empezar. Yo no quiero caer en el otro extremo, tampoco. No quiero ser una de tantos/as que intentan evitar el sufrimiento del duelo no comprometiéndose afectivamente con nadie. No. No quiero que para no “sufrir” de más, llegue a “amar” de menos. No. Quiero aprender a soltar lo que ya no está en mi vida. Quiero aprender a hacerlo siempre que llegue el momento de la pérdida… Porque la forma más comprometida de vivir, es no apegarse. Es disfrutar del momento mientras dura y tomar la decisión de dejarlo ir cuando se termina. Y mientras eso no ocurra, ser TODO compromiso. Como dice el lema, en Uruguay, de la Asociación de Alcohólicos Anónimos: “Sólo por hoy”. Pero eso sí, comprometida al cien por cien.
¡Uff! Ya me siento mejor… Releer y transcribir algunas cositas que permanecían medio empolvadas, me ha venido bien. Hoy estoy muy sensible y alguna que otra lagrimilla se escapado por mi mejilla, ha sido genial… de algún modo he soltado algo de lastre y ahora me encuentro más ligera.