Probablemente todos, en algún momento de la vida, hemos estado enamorados de una "ilusión", de esa persona "inadecuada" o tal vez "adecuada", pero no para nosotros. Puede que tú sepas de que hablo. Puede que conozcas el sabor amargo del desamor. Las historias siempre se repiten, sólo cambian los protagonistas...
Hoy ha llegado a mí este escrito. Desconzco su autor. Podría ser perfectamente yo o quizás tú quien lo escribiera. Quiero compartirlo con vosotros mientras "me golpeo" tres veces el pecho (jeje)
¿Anestesiar el corazón? No, no es posible. ¿Eludir el amor cuando la flecha está clavada? Ya es tarde. ¿Eliminar el sentimiento por decreto, con sólo proponérmelo? Pura ilusión. No puedo anular el efecto de un sablazo. ¿Qué hacer entonces? Arrojo, audacia en grado extremo. Dejarte aunque me duela. Hacerte a un lado queriéndote, cambiar el dolor de tu presencia por el dolor saludable de tu ausencia definitiva. Hacerte a un lado como un adicto lo hace con la droga o un alcohólico con la bebida: autocontrol, autorregulación limpia y ascética. ¿El motor, la motivación? Pura supervivencia: me hace daño quererte. Te dejo porque tengo que hacerlo, no porque no te quiera sino porque no me convienes. No me viene bien tu amor, altera mi humanidad, me hunde, no crezco como persona, mi potencial se opaca. Por eso no voy a esperar a desenamorarme para dejarte, voy hacerlo ahora, pese al amor que todavía siento.
No se trata de negar lo que siento sino de no verte, de no entrar a tu territorio, de no ceder a la tentación de los sentidos, de no estar allí donde no debo estar. Un toque de dignidad, un alegato al suicidio. ¿Habrá algún hecho amoroso más cruel y cursi que Romeo y Julieta? ¿Amor incondicional, total, radical? Existen pocos, y no es el mío.
No soy capaz de retirarme de tu lado de manera razonada y razonable, con la imperturbable tranquilidad budista, con la templanza de un espíritu educado en el estoicismo. Lo mío es una tromba, un cúmulo de irracionalidad desordenada que deja por fuera todo vestigio de inteligencia. ¿No habrá una terapia aversiva, doctor, como en la “naranja mecánica”, donde yo pueda sentir asco por él, fastidio esencial ante su presencia, ganas de vomitar, sensación de muerte? La respuesta es: No.
Dureza de una realidad que se impone. No hablo de amistad, del amor amigo que siempre es apacible y correspondido, sino de la apetencia, del deseo, del sentido de posesión, del apasionamiento que nos determina y nos despoja de toda lógica. Ayúdeme, doctor, a que la “cocaína" no me guste. Muy difícil, por no decir imposible. ¿Pero el amor es una droga? A veces funciona de manera similar. Un sinnúmero de personas sufren de adicción afectiva y son incapaces de renunciar al amor cuando deben hacerlo.
DESENAMORARSE A VOLUNTAD… quimera, facilísimo. En algunas subculturas árabes el hombre puede separarse de la mujer con solo golpearse el pecho y decir tres veces consecutivas: “Me separo de ti”. Así de sencillo. Pero no dicen: “Me desenamoro de ti”. Nadie posee esa magia, ese poder.De manera similar, no podemos enamorarnos a voluntad de cualquier persona. Quizás sea posible crear las condiciones para que el amor florezca o incrementar las probabilidades para que se manifieste, pero traerlo intencionadamente de la nada es ilusión. Nadie duda de que hay personas de las cuales podríamos enamorarnos si se dieran ciertas condiciones y tampoco dudo de que podrías desenamorarte de cualquier amor enfermizo si te alejas lo suficiente para que el tiempo limpie poco a poco los resabios de ese amor sufriente. En otras palabras: autocontrol, tenacidad, disciplina, y esperar luego a que el universo se encargue de los detalles.






