domingo, 19 de diciembre de 2010

Proceso de Adaptación

Si analizamos el significado de estas dos palabras, “proceso”, que significa tiempo y cambio, y “aceptación”, que quiere decir dejar de pelearme con la realidad cuando no es como yo quisiera, entonces no me queda otro remedio que decretar, que estoy en pleno proceso de adaptación.
En psicología se dice que todas las etapas y el proceso del duelo se dan en cualquier tipo de pérdida, porque cada pérdida conlleva un cambio.
Cada persona es única y exclusiva pero todas seguimos un parecido patrón de conducta. Hay un punto cero, también llamado de Inicio o Retirada. Se da cuando hay un estímulo que todavía no tiene relación con la persona. Luego llega la “situación” y entonces tengo una sensación, siento algo. La información me llega por mis diferentes sentidos. Después de estas sensaciones “me doy cuenta”, tomo conciencia de lo que está ocurriendo, percibo qué ha estimulado mis sentidos, y es entonces cuando se movilizan mis emociones. Puede que me asuste, o que me angustie, o tal vez me guste.Puedo sentir placer o temor por el final de ese encuentro. Las emociones se transforman en acción, la energía que se moviliza pugna por salir y me obliga a actuar. Puedo asustarme e irme, o tal vez ocultar mis emociones y esconderlas o, no sé…. Llevar a cabo cualquier otra acción. Y este es el punto clave. Porque es la oportunidad de establecer un contacto, una relación concreta con ese estímulo externo. Y después de un tiempo (x) y por motivos varios (resolución de la emoción, agotamiento del ciclo) tengo que despedirme y retirarme. Aceptar la pérdida de lo que fue. Alejarme para volver a empezar.
Suena simple, ¿verdad? Pero qué difícil es…
Aprender a recorrer este ciclo sin estancamientos es todo un duro y arduo aprendizaje.
En la aceptación de la pérdida hay una elaboración de duelo. Es un camino que tenemos que recorrer para comenzar de nuevo, para dejar atrás y poder caminar sin muletas. Nuestro desarrollo va a depender de cómo nos enfrentamos a esas pérdidas. Son experiencias que determinan nuestra manera de ser. Porque me guste o no, voy a ser abandonada por cada persona que quiero, por cada cosa que poseo, por cada situación que llega a mi vida, porque yo también abandonaré personas, cosas y situaciones… es inevitable… Y no penséis que digo esto para no comprometerme. Sé que mucha gente cree que no aferrarse es no comprometerse. Estoy haciendo esta reflexión en un momento de bastante lucidez, porque últimamente no he tenido “muchas luces”, pero en este instante sí, por eso me ha apetecido escribirlo. Para recordarlo, para recordármelo a mí misma, porque a veces se me olvida. Y me aferro. Me niego a soltar lo que fue, lo que ya no está en mi vida, lo cual no me deja elaborar mi proceso de duelo y así volver a empezar. Yo no quiero caer en el otro extremo, tampoco. No quiero ser una de tantos/as que intentan evitar el sufrimiento del duelo no comprometiéndose afectivamente con nadie. No. No quiero que para no “sufrir” de más, llegue a “amar” de menos. No. Quiero aprender a soltar lo que ya no está en mi vida. Quiero aprender a hacerlo siempre que llegue el momento de la pérdida… Porque la forma más comprometida de vivir, es no apegarse. Es disfrutar del momento mientras dura y tomar la decisión de dejarlo ir cuando se termina. Y mientras eso no ocurra, ser TODO compromiso. Como dice el lema, en Uruguay, de la Asociación de Alcohólicos Anónimos: “Sólo por hoy”. Pero eso sí, comprometida al cien por cien.
¡Uff! Ya me siento mejor… Releer y transcribir algunas cositas que permanecían medio empolvadas, me ha venido bien. Hoy estoy muy sensible y alguna que otra lagrimilla se escapado por mi mejilla, ha sido genial… de algún modo he soltado algo de lastre y ahora me encuentro más ligera.

martes, 14 de diciembre de 2010

A Eduard

“Hagas lo que hagas, hazlo plena y conscientemente, nos dice el zen. No seas parcial, sino total; no te dejes fragmentar, unifícate. Siente, percibe, vive… y suelta.”
Ramiro Calle

Me he sentado una vez más a escribirte. Te debo carta. Lo he intentado varias veces. He empezado una y otra vez a rellenar folios, que más tarde me digo, pasaré al ordenador y te los enviaré. Pero no lo hago. Acaban todos en la papelera. Esta desidia que me invade me empieza a preocupar. Así que hoy tomo conciencia y voy a intentar no fragmentarme. No es nada fácil en este momento. He parcelado y acotado diferentes campos de mi vida.

He pensado mucho en nuestra conversación telefónica sobre la amistad. Yo también siento, como tú, esa disolución que se empezó a dar desde mi marcha. El grupo empezó a quebrarse. Cada uno de los que lo formábamos, tejimos otras redes que empezaron a separarnos del núcleo que nos unió.

A veces añoro los white label a medias con Teresa, los bailes sensuales con Liz. Echo de menos la mirada tierna de Mar, o la paz que me provocaban las conversaciones con Llibert. No me olvido nunca de nuestros encuentros, y varios desencuentros, en nuestro filosofar sobre la vida (jeje), de los que tanto he aprendido.

Pero como te decía el otro día, a ti y a mí, la distancia nos ha unido, nos ha ayudado a conocernos más. Y en eso tienes tú mucho que ver… tu “nostalgia” (o lo que sea) a los antiguos medios de comunicación, lo han hecho posible. Y me encanta. Abrir el buzón y encontrarme con tus peculiares letras, para mí, es motivo suficiente de alegría, mi querido “titán”.

La vida nos une y nosotros decidimos separarnos. Tenemos la necesidad de expandirnos, aunque a veces parezca que caminamos hacia atrás, no lo creo posible; todo retroceso crea un nuevo camino y con él un mundo propio. Y cuando nos encontramos con otra persona dos mundos chocan. A veces caen lágrimas. Hay muchas cosas ocultas tras ellas. Son dos mundos privados en conflicto. Y como dice Osho: “sólo los sueños son privados. Los despiertos tienen un mundo en común, la existencia.” Todos los que estamos dormidos y soñando tenemos nuestros propios mundos. Osho nos dice que abandonemos nuestro mundo de sueño privado. Porque si no lo hacemos no podremos escapar de nosotros mismos, vayamos donde vayamos, estaremos con nosotros. Nos comportaremos de la misma manera. Las situaciones podrán ser diferentes pero nosotros seguiremos siendo los mismos...


Querido Eduard, estés donde estés, estarás soñando. Si dejas de soñar y estás alerta, los sueños desaparecerán y con los sueños desaparecen los sufrimientos. Porque cuando estás dormido ves sueños, ilusiones, espejismos… son tus propias creaciones, tu propio mundo. Pero cuando estas despierto, como decía Heráclito: “cuando estás despierto ves muerte a tu alrededor”.

Ahora entiendo por qué creamos nuestro propio mundo…

No sé por qué te estoy contando esto, ¿Habré conseguido, al final, unificarme con este instante?

(voy a comprar un sobre y un sello para enviarte estas letras, y como estas palabras me las he dicho muchas veces y al final, ya sabes dónde terminan, las voy a subir a mi rincón, por si acaso...)