Una gran parte de dejar de ser víctima tiene que ver con ubicarte en una posición de total responsabilidad por ti y por tu relación con los demás. Eso incluye ser responsable por tus sentimientos, pensamientos y acciones.
Estamos condicionados para ver el mundo desde el punto de vista de lo que nos satisface. Y cuando las cosas no suceden como queremos, tratamos de encontrar algo o alguien a quien culpar. Tratar de controlar es una forma de jugar el juego de la Vida, el juego más pequeño, tratando de hacer funcionar la vida. Pero, la vida ya funciona. Culpar a algo externo a nosotros es un intento poco afortunado de tratar de recuperar la sensación de control.
La verdad es que nunca tuvimos el control. Nunca tuvimos ningún control que perder. No tenemos control sobre nada que esté fuera de nosotros. La vida siempre sucede de acuerdo con sus propias reglas, no las nuestras. Cuando decidimos cooperar totalmente con la vida, puede parecer que estamos en control, pero la realidad es que estamos, sencillamente, fluyendo. Lo que sí podemos controlar es lo que está dentro de nosotros. No podemos hacer que alguien cambie su forma de pensar, pero nosotros podemos cambiar la nuestra en un instante. No podemos hacer que alguien nos ame, pero podemos elegir amar todo el tiempo. En lugar de tratar de controlar las cosas que están afuera de nosotros, podemos enfocarnos en el juego más importante, el Juego del Amor.
Podemos vivir sin culpar a otros. Podemos permitirles que expresen su individualidad. No necesitamos insistir en que cambien: insistir en que otros cambien es una forma de pelear.
En verdad, todas nuestras relaciones residen dentro de nosotros. Las relaciones no están “ahí afuera”; son un reflejo de lo que está sucediendo en nuestras propias mentes y corazones. Las exigencias que proyectamos sobre otros son, a menudo, exigencias que nos estamos haciendo a nosotros. No es por casualidad que la mayoría de nosotros estemos tensos: llevamos encima el peso de nuestras expectativas, proyectadas sobre otros.
Para evitar jugar a ser víctima o culpar a otros, necesitamos mantener nuestras relaciones al día y presentes. Eso significa que necesitamos estar seguros de que no basamos nuestro comportamiento en lo que pasó anoche, la semana pasada o el mes pasado, o hace veinte años. Cuando lo liberas en tu fuero interno, puedes estar presente aquí y ahora con la relación sobre la que sí tienes control: la relación contigo mismo.
“Si el corazón canta una canción de amor, ve.
Si no hay respuesta o hay duda, aléjate.
Esa es tu guía.
Eso es el amor guiándote”
John-Roger
A mi rubia favorita, con toda mi comprensión, respeto y amor...



