viernes, 19 de mayo de 2006

El que camina sobre la cuerda


Alguien robó fondos de las arcas de un estado. Las sospechas recaían sobre dos ministros, uno anciano y otro joven. El rey recurrió a un método bastante peculiar. Les dijo:
-Vamos a tender un alambre entre las cimas de dos colinas, y vais a cruzar sobre él. El que logre pasarlo será considerado inocente, y el que se precipite al vacío, culpable, y así ya recibirá el castigo por su fechoría.
Se dispuso todo como el monarca quería y llegó el día de la prueba. El rey estaba acompañado por su séquito. Le tocó en primer lugar el turno al ministro más joven. Comenzó, titubeante, a caminar por el alambre y enseguida perdió el equilibrio y se precipitó en el abismo. Todos pensaron que la misma suerte, lógicamente, correría el anciano.
Muy concentrado, y con movimientos conscientes y pausados, el anciano se encaramó al cable. Lentamente fue cruzando por él, con elegancia, ante la enorme sorpresa de todos los presentes, que fue mayúscula al comprobar que el ministro conseguía pasar de una a otra colina y evitar precipitarse al vacío. Todos los presentes estallaron en vítores y aplausos. Por supuesto, el rey indultó a su ministro, pero como tenía mucha curiosidad de saber cómo lo había conseguido, le hizo llamar.
-Amigo mío -dijo el monarca-, has logrado un gran éxito en la dificilísima prueba. Pero dime, fiel ministro, ¿cómo lo has conseguido?
Y el ministro contestó:
-Señor, no ha habido ningún secreto o misterio en ello. Ha sido muy simple: me he limitado a hacer, sobre el alambre, lo que he hecho a lo largo de toda mi vida. Siempre he tratado de ser ecuánime y de no extremarme en mis juicios, palabras o comportamientos, y si alguna vez tendía a hacerlo, corregía. Lo mismo he hecho sobre el alambre: si me iba hacia un lado, corregía; que me iba hacia el otro, corregía, tratando de mantener el equilibrio. Ha sido muy fácil. He puesto en práctica la actitud que toda mi vida me ha guiado.
Y colorín colorado, aunque la historia de El Faquir ha terminado, la vida sigue, y es como un alambre que se extiende desde el nacimiento hasta la muerte. Todos somos funámbulos...

5 comentarios:

fantasía dijo...

Y así, con este bonito cuento, he querido recordarme que siempre hay que mantener el equilibrio y con él queda inagurado este blog. Chicos, chicas... levanten las copas que vamos todos a brindar: ¡por la libertad!

aprendiza de risas dijo...

Es un honor ser la primera en escribir un comentario en tu blog que aún está calentito, recién salido del horno.
Tú brindas por la libertad, yo, por la felicidad en todo su grado de esplendor, por el amor, por la amistad, por nuestra amistad a la que quiero porque me une a ti.
Tu primer post es un acierto, es como una definición de vivir, mirar hacia adelante, retomando la buena dirección si nos hemos desviado. Vivamos con ilusiones y aprendamos a vivir las fantasías que puedan hacerse realidad.
Un besazo,
Aprendiza de risas

nuse dijo...

Brindo por este blog!! chin chin
Que no decaiga y siempre que pueda me acercare a leerte, a saber de ti.
Un beso enorme!

fantasía dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Me comprometo a escribir habitualmente, al fin y al cabo, con ese cometido estoy aquí. Mi rinconcito... y si quereis, desde ahora también el vuestro.
Un besazo a todas, mis buenas y encantadoras amigas.

Omar dijo...

Muy bonito el cuento, gracias, tienes mucha razon. Creo que empezare a leerte desde el principio

:)