Algo se está gestando. Es momento de cambios. Se respira en el ambiente éstos mismos. Tengo la sensación de que una gran puerta se ha abierto, no sólo para mí, para todo aquél que esté atento. Tengo la sensación, de que es momento de limpieza, de reflexión, de cerrar puertas, de abrir ventanas, de parir sueños. Tengo la sensación, de que el universo me llama.
Regreso a ... ¿mi hogar?. A ese hogar que un día fue mío y hoy, no estoy segura si lo es, pero me llama... Una vez más, vuelvo a hacer maletas, a precintar cajas, a guardar recuerdos en la almohada. Una vez más, digo adiós a lo que más quiero, por eso, le digo adiós...
Es un adiós con firmeza. No es un adiós impuesto, no es un adiós nostálgico, no es un adiós con tintes de miel, ni tampoco envuelto en huracanes. Es un adiós que necesito. En el que creo. Que sólo busca liberación y calma. Cerrar una etapa en la cuál ya no soy necesaria ni necesito; renovar el aire que respiro... Es un adiós que viene de la mano de “Bienvenido, aquí estoy para siempre”. Los Kms no separan a las personas, somos las personas las que creamos las distancias. Por eso siento que no me alejo de la gente que quiero, simplemente, nuestros cuerpos no se fundirán en un abrazo siempre que queramos, pero sí cuando necesitemos. Nuestras miradas no se cruzarán cuando lo hagan nuestras palabras, pero sí llegará ese calor. Nuestras risas no compartirán el mismo aire, pero sí llegará el sonido de la alegría a nuestros oídos. Nuestros momentos no serán los mismos, pero los compartiremos...
Me he puesto a recordar lo difícil que fue adaptarme. Las diferencias que encontré, quizás fueron las que utilicé para separarme del resto, para no quedarme, para justificar la despedida, esa que deseé durante años y no llegó, y hoy por fin, llega... Pero de nada sirve lo pasado si no aprendes de él. Hace mucho tiempo que me integré, que sentí que era necesaria, que elegí quedarme, tal vez para no tener que despedirme, pero sólo tal vez...
Dejo aquí grandes amigos, pero sólo los dejo físicamente. Una parte de mí se queda en cada uno de ellos, y yo me llevo tatuado, en lo más profundo de mi corazón, sus nombres. Mis chicos/as de salsa, mis compis de estudio, mis compañeros de trabajo, mis amigos de cursos, seminarios y encuentros literarios, mi amigo “Papá Noel”, respira paz y amor por cada uno de los poros de la piel, cómo me gustan sus abrazos... y mis amigas, mis grandes amigas... “Una para todas y todas para una”. Como los mosqueteros, como los ángeles de Charlie, cuatro grandes amigas.
La viuda, ¡cuántas cosas hemos vivido en tan poco tiempo! Me has aportado mucho. He aprendido cositas contigo. Me voy contenta porque tú también has crecido y creo que, lo que teníamos que aprender la una de la otra, ya lo hemos hecho, y por eso nuestros caminos de aprendizaje acaban aquí; ahora compartiremos experiencias.
La aprendiza... bonito nombre y has hecho honor a él; no dejes de seguir haciéndolo... Hemos tardado años en conocernos, compartiendo la mejor amiga y compañera que yo tenía aquí, pero tuvo que ser un Santo quién nos acercase, un santo en blanco y verde, que hoy, le doy las gracias con albahaca, y del cuál no me olvidaré allá donde vaya. Cada nueve de agosto cantaré y bailaré con vosotras, esté dónde esté... Bueno, sé que nos echaremos de menos y se me saltan las lágrimas al escribirlo, pero también sé, que necesitamos caminar solas y que ha llegado el momento de hacerlo.
Mi preciosa mar... mar serena, mar en calma, sé que te veré así pronto. Eres como ese mar agitado, con grandes olas que dejan en la arena tesoros. Tú has llegado a mi playa y me has dejado el mejor regalo, tu inocencia, tu naturalidad, tu espontaneidad, tu amor azul...
Gracias amigas, os quiero...
Parte de mi familia también queda aquí... éste es el adiós más difícil. Decir adiós a lo que más quiero en esta vida... Pero ya no me necesitan a su lado para caminar, y yo tengo que aprender a no necesitarles a ellos. Una madre quiere a sus hijos y sabe que no son de su propiedad. Una madre les enseña lo que sabe de la vida y les deja vivir. Una madre da sin esperar nada a cambio. Una madre es todo y es nada... ¡Qué difícil es ser madre! Felicidades a todas las madres/padres por la labor que hacen, cómo la hacen y lo que ponen en ella.
Como os decía, es momento de cambio, ¿no respiráis su aroma? estad atentos...
El frío de los muros, tras siglos de silencio, me habló y conmovió. El viento arrastró la semilla y la depositó en mis oídos. El sol con su calor la fecundó y al caer la tarde, en su despedida, tenía vida, ya latía con todo su poder. Al abrigo de las montañas y a la luz de la luna empezó a crecer, y en la mejor compañía se expandió y fue bien recibida, comprendida y aceptada, aunque sabor agridulce dejó en los labios y emociones, guardadas a medias, en un cajón. A veces se necesita toda la vida para darse cuenta, otras, cerrar los ojos y escuchar al corazón. La vida es un ciclo sólo posible con la renovación. Nacer para morir, morir para nacer... y toda una vida para aprender...o quizás no...
Regreso a ... ¿mi hogar?. A ese hogar que un día fue mío y hoy, no estoy segura si lo es, pero me llama... Una vez más, vuelvo a hacer maletas, a precintar cajas, a guardar recuerdos en la almohada. Una vez más, digo adiós a lo que más quiero, por eso, le digo adiós...
Es un adiós con firmeza. No es un adiós impuesto, no es un adiós nostálgico, no es un adiós con tintes de miel, ni tampoco envuelto en huracanes. Es un adiós que necesito. En el que creo. Que sólo busca liberación y calma. Cerrar una etapa en la cuál ya no soy necesaria ni necesito; renovar el aire que respiro... Es un adiós que viene de la mano de “Bienvenido, aquí estoy para siempre”. Los Kms no separan a las personas, somos las personas las que creamos las distancias. Por eso siento que no me alejo de la gente que quiero, simplemente, nuestros cuerpos no se fundirán en un abrazo siempre que queramos, pero sí cuando necesitemos. Nuestras miradas no se cruzarán cuando lo hagan nuestras palabras, pero sí llegará ese calor. Nuestras risas no compartirán el mismo aire, pero sí llegará el sonido de la alegría a nuestros oídos. Nuestros momentos no serán los mismos, pero los compartiremos...
Me he puesto a recordar lo difícil que fue adaptarme. Las diferencias que encontré, quizás fueron las que utilicé para separarme del resto, para no quedarme, para justificar la despedida, esa que deseé durante años y no llegó, y hoy por fin, llega... Pero de nada sirve lo pasado si no aprendes de él. Hace mucho tiempo que me integré, que sentí que era necesaria, que elegí quedarme, tal vez para no tener que despedirme, pero sólo tal vez...
Dejo aquí grandes amigos, pero sólo los dejo físicamente. Una parte de mí se queda en cada uno de ellos, y yo me llevo tatuado, en lo más profundo de mi corazón, sus nombres. Mis chicos/as de salsa, mis compis de estudio, mis compañeros de trabajo, mis amigos de cursos, seminarios y encuentros literarios, mi amigo “Papá Noel”, respira paz y amor por cada uno de los poros de la piel, cómo me gustan sus abrazos... y mis amigas, mis grandes amigas... “Una para todas y todas para una”. Como los mosqueteros, como los ángeles de Charlie, cuatro grandes amigas.
La viuda, ¡cuántas cosas hemos vivido en tan poco tiempo! Me has aportado mucho. He aprendido cositas contigo. Me voy contenta porque tú también has crecido y creo que, lo que teníamos que aprender la una de la otra, ya lo hemos hecho, y por eso nuestros caminos de aprendizaje acaban aquí; ahora compartiremos experiencias.
La aprendiza... bonito nombre y has hecho honor a él; no dejes de seguir haciéndolo... Hemos tardado años en conocernos, compartiendo la mejor amiga y compañera que yo tenía aquí, pero tuvo que ser un Santo quién nos acercase, un santo en blanco y verde, que hoy, le doy las gracias con albahaca, y del cuál no me olvidaré allá donde vaya. Cada nueve de agosto cantaré y bailaré con vosotras, esté dónde esté... Bueno, sé que nos echaremos de menos y se me saltan las lágrimas al escribirlo, pero también sé, que necesitamos caminar solas y que ha llegado el momento de hacerlo.
Mi preciosa mar... mar serena, mar en calma, sé que te veré así pronto. Eres como ese mar agitado, con grandes olas que dejan en la arena tesoros. Tú has llegado a mi playa y me has dejado el mejor regalo, tu inocencia, tu naturalidad, tu espontaneidad, tu amor azul...
Gracias amigas, os quiero...
Parte de mi familia también queda aquí... éste es el adiós más difícil. Decir adiós a lo que más quiero en esta vida... Pero ya no me necesitan a su lado para caminar, y yo tengo que aprender a no necesitarles a ellos. Una madre quiere a sus hijos y sabe que no son de su propiedad. Una madre les enseña lo que sabe de la vida y les deja vivir. Una madre da sin esperar nada a cambio. Una madre es todo y es nada... ¡Qué difícil es ser madre! Felicidades a todas las madres/padres por la labor que hacen, cómo la hacen y lo que ponen en ella.
Como os decía, es momento de cambio, ¿no respiráis su aroma? estad atentos...
El frío de los muros, tras siglos de silencio, me habló y conmovió. El viento arrastró la semilla y la depositó en mis oídos. El sol con su calor la fecundó y al caer la tarde, en su despedida, tenía vida, ya latía con todo su poder. Al abrigo de las montañas y a la luz de la luna empezó a crecer, y en la mejor compañía se expandió y fue bien recibida, comprendida y aceptada, aunque sabor agridulce dejó en los labios y emociones, guardadas a medias, en un cajón. A veces se necesita toda la vida para darse cuenta, otras, cerrar los ojos y escuchar al corazón. La vida es un ciclo sólo posible con la renovación. Nacer para morir, morir para nacer... y toda una vida para aprender...o quizás no...








